¿FÚTBOL?
Si la pandemia lo
permite…
I
Hace días que Juan
Afligido, futbolero empedernido desde sus tiempos de policía rural en la baronía
de Polija, le preocupa hondamente el futuro del fútbol. A ver, no le preocupa
la práctica aficionada del juego, ni el juego —más o menos deportivo— en si
mismo. No, no le aflige sino que le ilusiona el esfuerzo más o menos artístico
de darle patadas a un balón para meter goles en una portería improvisada,
incluso imaginada sobre líneas trazadas en la tierra o recubiertas de piedras y,
con ello, sudar la camiseta a pleno sol o al aire libre, como hacen millones de
jóvenes en todo el orbe, con apenas distinciones de sexo, lengua, religión,
etc., todos los días y en los más inimaginables lugares; bajo un cielo borrascoso
u otro azulón y aborregado; sobre la arena de cualquier playa o sobre cemento puro
y duro.
Ese fútbol era, es el fútbol
en su esencia, el del patio de colegio, el de cualquier calle de atrás de una
vivienda suburbana o las inmediaciones de un taller o de una fábrica... jugado tanto por chicas desde los años de la Primera Guerra Mundial, allá por 1918, como por chicos en los descansos de las batallas de aquella guerra. Y todo para jugarse, ¿quién sabe?, ¿unas ‘perras’?, ¿la consideración de los hombres que debían emplearlas (a las chicas)? ¿el liderazgo
del grupo? ¿encontrar nuevos amigos?, tal vez o, para ¿robustecer el yo
adormecido?, ¡uf! ¿una ronda de cerveza?, puede. Y ¿la necesidad de lucir fuerza
y habilidad para epatar a tu pareja…? Bueno, y todo ello, amén de realizar por
gusto y sin afán comercial, la tarea de estirar músculos y fortalecer huesos pateando
al ‘esférico’ para refirmar vitalidad y ganas de estar en el mundo, aunque sea
en este mundo de mierda que surgirá, si dios no lo remedia, de ataque del miserable, arrogante y letal, covid-19.
Tras estas reflexiones, Juan
Afligido necesitaba comunicar a alguien lo que pensaba sobre ese otro fútbol-espectáculo
que era el que le entretenía y
atemorizaba . Se desesperaba en su soledad; ese ‘deporte de masas’, ese
inmenso escaparate de inmensos estadios e inmensas multitudes; la locura de los
locutores berreando goles, de las teles largando monsergas sobre lo que estamos
viendo: No comentan, animan a no pensar; ese derroche de luz, de millones de
kilovatios-hora para la magia de los partidos nocturnos… Una pandemia social es lo que era y es; una nueva religión
mundial… desde que derivó hacía pasión arrogante y monstruosa, canalizadora de sueños
imposibles y violentas manadas.
Llegada la fase 2 de la
“desescalada” (¡que palabro!), Afligido estaba más confuso que nunca. Y la Liga
de futbol iba a ponerse de nuevo en marcha como ya lo había hecho la Bundesliga
y pronto lo haría la Premier… Reunión información por Internet, tirando de papá
Google y de otras redes y hasta un algún libro. Leyó, apuntó, repasó: “Juego
inventado en Inglaterra a finales del siglo XIX por caballeros —y además de
ingleses (añadió) ricos— que necesitó de un reglamento propio para
diferenciarlo del rugby. Al
modernizarse pasó a ser considerado, por muchos tratadistas, el mayor
espectáculo del mundo…”. << Lo que no dicen es que es un supermillonario
negocio multinacional con clubes que cotizan en bolsa… y manejan apuestas
millonarias… Luces y grandezas a la par que sombras y miserias o tumultos de
suburbio; ocupación, por horas e incluso días, de plazas y calles cuando los
equipos ganan los torneos; rocambolescas ceremonias político-deportivas que no
admiten parangón más que con los
espectáculos circenses de la antigua Roma y de sus imponentes gladiadores de
efímera fama. Eso eran los ases del futbol profesional, gladiadores.
Profesionales en el arte de proporcionar morbo y diversión a la plebe, al
populacho y, sin embargo, también deleite a ciudadanos de mejor condición,
cuando lo apreciaban como entretenimiento más que con fervor casi religioso… y
así es o suele ser, cuando la practica del juego es elegante, bella y
victoriosa… Pocas veces. >>
En esto recordó Juan, la tarjeta profesional
de Ruvira y Furtamantes que todavía dormitaba en el bolsillo de su camisa.
Ruvira estuvo ligado a las pesquisas policiales en torno a la extraña muerte de
Vázquez Montalbán cuando mediaba en el fichaje de un delantero centro que
precisaba el club de sus amores… Sin perder un segundo más, pulsó las teclas
que hicieron bramar el celular del periodista que rebotó contra la página 218
(ligeramente inclinada) y caer en la 219
del libro que leía y que se le escapó de entre las manos para conciliar la siesta
borreguil de la tarde, casi veraniega, de finales de mayo.
Oriol Ruvira i Furtamantes, a medio
afeitar y somnoliento, jornalero de la tecla e investigador privado a ratos, se
rehízo y recuperó el control para agarrar su Iphone 8 que al vuelo. Una voz que
le pareció venir de ultratumba le pedía consejo sobre no se que relacionado con
el futbol ¿romano?, ¿los gladiadores? Mientras contestaba echó una mirada al
libro, El fútbol a sol y sombra, de Eduardo
Galeano, y el capítulo donde interrumpió la lectura no podía ser, a tenor de lo
que oía, el más apropiado: “Un deporte de evasión”. Toda una declaración de
intenciones y exposición de motivos sintetizados en cuatro páginas estupendas que
acababan con esta lapidaria frase: “ Si Dios tuviera tiempo para ocuparse del
fútbol, ¿cuántos dirigentes quedarían vivos?”
—
Pero… (era la hora de la siesta y Ruvira la disfrutaba) ¿Quién?
¡Usted! Si saldré a pasear y si, no vivo lejos de esa plaza. Así que yo también.
Qué remedio… En quince minutos me reúno con usted.
—
Se lo agradezco (la voz de Afligido le llegaba lejana).
Mire. No me deja dormir la conclusión a
la que he llegado. Si. ¿Cuál?, pues que los futbolistas modernos, si, sobre
todo las estrellas como Messí, Cristiano, Iniesta, Neymar etc., bueno, todos y
podría incluirse a las chicas que han entrado en el profesionalismo, son como
los gladiadores de Roma… Y he sabido que estos desaparecieron o los
extinguieron en enero del año 404 de la era cristiana. O sea que el
cristianismo y los bárbaros del norte acabaron con el espectáculo circense de
los romanos y eso era como el fútbol de ahora… Y yo. No sé. Estoy angustiado.
No quiero que el futbol-espectáculo se acabe. Y esto del coronavirus, pues… es
una amenaza. Ya soy muy viejo y que no me quiten mis dos o tres partidos a la
semana…
A Juan Afligido se le iba la voz por
momentos. Así que Ruvira optó por tener una cita presencial y zanjar el
problema. Le reafirmo la cita y cerró de golpe la conexión.
II
Mientras rumiaba una estrategia, para
su encuentro con Afligido, Ruvira dio dos vueltas de llave a la puerta de su
apartamento y se colocó, no sin dificultad, su mascarilla FFP2. Era solo un
momento hasta alcanzar su coche. Tuvo que esperar para abrir la portezuela pues
tres mozuelas de esplendidas formas caminaban por la estrecha calle cogidas del
brazo y sin ningún elemento de protección; riendo y jugando con sus smarphones.
No le costó arrancar al tiempo que se quitaba y plegaba su mascarilla… Lo que
vio mientras conducía no era muy diferente de lo habitual. Algunos conductores
circulaban con la mascarilla puesta, sin embargo la mayoría de los paseantes y
presuntas runners despreciaban, por
lo visto, las medidas de seguridad de la autoridad sanitaria había calificado
de “distanciamiento”…
Durante el corto viaje Oriol reflexionó
acerca de aquel fútbol-espectáculo. << A diferencia de aquellos esclavos
del imperio de los césares (hoy del imperio del dólar, el euro y la libra)
estos gladiadores suelen disfrutar de larga vida y mejor fama; gozar de
privilegios: salarios de escándalo, lujosas viviendas; los mejores vehículos privados,
el disfrute de los placeres sexuales prohibitivos y un largo etcétera que
convierten a sus estrellas en nuevos dioses. Había más. Y no por disfrutar de
todo ello estos nuevos gladiadores (salvando las distancias de tiempo y
circunstancia), algunos no dejaban de protagonizar escándalos, incumpliendo
normas sociales y fiscales sin acarrearles más que leves sanciones. Esto tiene
su sentido y es a la vez un contrasentido. ¡Claro! Dinero y espectáculo doblegan
voluntades políticas, crean adicción, fervores y favores. Eso supone impunidad sin
disminuir la popularidad. ¡Dios!, más bien, la acrecienta. Lo cierto es que todo
ello parece muy, pero que muy atractivo.
III
Ruvira había llegado
muy cerca del lugar de la cita. Bajó enmascarillado del vehículo. Tuvo que
esforzarse para no pisar dos o tres pares de guantes que yacían entre las
ruedas, arrojados, sin duda, recientemente y sin mayor cuidado… Dos esquinas más
abajo un contenedor de basuras permanecía abierto. De una bisagra pendían varias
mascarillas de tipo casero hechas de trapos o vestidos, incluso un par de las
llamadas quirúrgicas …
No tardó en localizar a impaciente
Afligido, aunque seguía pensando en el fútbol-espectáculo, si, aquel más que deporte
ideado por caballeros ociosos para ser jugado por obreros y algunos bribones, en
fin, por gentes vulgares… << Se ha profesionalizado y privatizado al
máximo. Y ese espectáculo, el de los grandes estadios y multitudes vocingleras
de hooligans y supporters, de “hinchas” y forofos: esos culés, merengues, colchoneros, granotas, armeros… eran, en
ocasiones, ultra-violentos y estaban fanatizados, sin embargo abundaban
quienes, llenos de sudores y clamores honrados, traducían las victorias de su
equipo como logros propios, compensaciones morales con las que paliar sus
innumerables frustraciones.
En uno de los extremos de un banco
de piedra pulida, le esperaba Juan Afligido que vestía un polo pasado de moda
pero que aún le sentaba bien, ocultando parcialmente su tendencia a la
obesidad.
La tarde declinó hasta alcanzar
palidez extrema, el paisaje se tornó moderadamente espectral.
Sin más ceremonia, Ruvira se sentó
en el otro extremo del banco y reinició la conversación. No dejó meter baza
inicial al anciano Afligido.
—La cosa no pinta
bien. Nada bien, precisamente por las apetencias de los clubes y federaciones,
la prepotencia de los dirigentes que han presionado hasta conseguir que sus
gladiadores pasen las pruebas del covid-19 antes incluso que sanitarios y
ciudadanos que pudieran estar afectados… Además, ¡Qué podemos hacer! La Liga se
reiniciará en unos días, como si no hubiese pasado nada. ¡Van a caer como
moscas! ¡Conmigo que no cuenten! Y además. Me imagino que usted odiará, como yo,
que le ordenen como y cuando tiene que aplaudir o silbar. Estará, lógicamente
prohibido… insultar y escupir…¡Brrr! Esto ya no es fútbol. Ya no es un
espectáculo y menos un deporte. Veremos entrenos de marionetas robotizadas,
apto para bobos adictos de la imagen. Un juego estúpido al estilo de los
concursos más banales…
—Si, contestó
Afligido. No sabe como le agradezco que haya venido. Si. Todo lo que dice y
más. El fútbol necesita de la pasión de las masas. Es un deporte de contacto.
De golpes, patadas, escupitajos y traiciones; de robos de balones y carteras;
de llenos hasta la bandera; de fiesta y calor (calentura incluso) en las
gradas, para superar el luto permanente de la miseria; de clases sociales
bajas, de salarios precarios y voces desesperadas. El fútbol es hijo de eso…
—Es cierto. Ruvira
se puso de pie: ¿Cómo evitar que después de marcar, el jugador que sea, evite
toda emoción? ¿Cómo evitar que esas gotitas que contagian no pasen a la cara de
otros compañeros o de un arbitro? ¿Cómo suprimir los abrazos? ¿Cómo desterrar
los impulsos? No quiero ni imaginar las respuestas.
—¿No ha visto usted Un juego de caballeros esa miniserie
británica que pasan por una de esas plataformas de pago. ¡Fantástica! No
¿verdad? Véala, Ruvira. Ilustra sobre los comienzos del futbol profesional en
el norte de la Inglaterra. Los jugadores luchaban contra los patronos con el
mismo ardor con el que jugaban para ganar cada partido y también luchaban entre
si; luchaban en las fábricas y en las canchas tanto para defender su orgullo de
pobres como para divertirse y mejorar su físico. Cada partido ganado a un club
de caballeros era un ascenso moral que podía ayudar en lo material y si se
organizaba un campeonato, competían para reafirmar su derecho a existir como
clase. No podían hacerlo sin el concurso de los fans, es decir de sus familiares, amigos y seguidores, tan pobres y
desesperados como ellos… Ese empuje, esa audacia de clase… Y la necesidad de
ganar llevaba a la de tener los mejores jugadores y si era preciso presionar a
sus jefes para comparar-los. Este es el origen de las estrellas y los mercados
de futbolistas… Las normas y el fair play
no lo admitían pero no tardó en imponerse. La necesidad de ganar se sobreponía
a cualquier otra… En poco más de un siglo, ya ve…
Así estuvieron hasta
que comenzaron a duplicarse y a triplicarse la cantidad de gente que poblaba la
plaza. Había varios candidatos a sentarse en el banco. Afligido y Ruvira
levantaron sus puños por toda despedida e iniciaron su retirada, mientras se
desplegaban por la plaza toda clase de runners,
y nuevos deportistas, niños, y algún que otro anciano. Se podían contar con los dedos de una mano a los que portaban
mascarilla.
©José Antonio Vidal Castaño, 2 de junio 2020 (
De Las historias de Juan Afligido)
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Galeano cuenta historias de los Mundiales. El último el que ganó España en 2010. Escribe: "Lo ganó (...) por obra y gracia de su fútbol solidario (...) y por la asombrosa habilidad de ese pequeño mago llamado Andrés Iniesta. |
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| Las primeras futbolistas de la historia en un partido entre equipos de obreras de fábrica en el algún punto del nordeste de Inglaterra, en A. Wahl: Historia del fútbol. | |